Planificar sin mirar qué pasó es repetir el año anterior con fechas nuevas
La planificación de fin de año suele empezar por los objetivos: cuánto queremos vender, qué queremos lanzar. Es el orden natural y deja afuera el paso más informativo, que es revisar qué se hizo, qué funcionó y qué se abandonó sin evaluar.
La revisión no necesita ser exhaustiva. Alcanza con una lista de lo que se intentó durante el año y, al lado de cada cosa, qué pasó. Muchas van a quedar sin respuesta, y esa ausencia también es información: significa que se hizo algo sin ninguna forma de saber si sirvió.
Recién con esa lista adelante los objetivos del año siguiente dejan de ser deseos y pasan a apoyarse en algo.
"Si nadie sabe cómo salió lo del año pasado, el plan del que viene es una lista de deseos ordenada por trimestre."
Lo más incómodo de este ejercicio no es lo que salió mal. Es la cantidad de cosas sobre las que no se puede decir nada.
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