Una descripción no está para elogiar el producto, está para que alguien pueda decidir
La mayoría de las descripciones de producto están escritas en modo folleto: adjetivos, promesas generales y muy poca información verificable. Se leen bien y no ayudan a decidir, porque no responden ninguna de las preguntas que la persona tiene en la cabeza.
El cambio de enfoque es simple: en lugar de escribir por qué el producto es bueno, escribir qué necesita saber alguien para elegirlo. Medidas, materiales, qué incluye, para qué caso sirve y para cuál no. Eso es lo que hace falta y casi siempre está incompleto.
La contra intuición es que la información aburrida convierte mejor que el entusiasmo. No porque emocione, sino porque saca dudas del camino.
"El adjetivo no saca ninguna duda. El dato sí, y las dudas son lo que frena la compra."
Lo que sí sirve del entusiasmo es una línea al principio que ubique de qué se trata. Después de esa línea, conviene pasar a los datos.
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